El lenguaje: el gran enemigo.

Resulta especialmente irónico que un artículo escriba en contra del lenguaje, es un despropósito, una aberración, algo sin sentido, una eterna trenza dorada ó un eterno y grácil bucle y es que un tal Douglas mencionó que pasan cosas “raras” en el universo cuando un elemento se señala así mismo. De modo que la frase “yo soy” involucra a un algo que se hace referencia así mismo, del mismo modo en que el lenguaje explora una dimensión que puede tocar planos tanto de la inexistencia como de la existencia y de la auto-referencia, es decir, una persona puede pensar sobre si misma.

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Entonces, ¿Qué es y por qué el lenguaje es el enemigo? La naturaleza es curiosa y la evolución aun más, al parecer todo se reduce siempre a asuntos económicos, de modo que si algo es más eficiente que otro algo, entonces tendemos a deshacernos de lo que no nos sirve, de este modo ciertas especies animales tienen organos vestigiales y otras pierden características o funciones, por ejemplo algunos topos son ciegos porque debajo de la tierra no necesitan ver, aunque esta es precisamente “la trampa” de la evolución. Porque si nuestros amigos topos excavaran tanto que llegaran a una ciudad subterránea, igual y les serviría ver.

El lenguaje es muchas cosas y sin duda es un gran avance para la humanidad, ya que nos permite (por ejemplo) cocinar un pastel a través de una receta, lo cual sería más complicado de no existir el lenguaje. También nos permite comunicar ideas de un modo preciso, ¿Cómo diríamos con señas que ayer comimos atún?. Lo curioso del asunto es que incluso usar señas es un lenguaje en sí.

Ahora bien, la propuesta de este artículo es visualizar el lenguaje como muchas cosas: como un medio, como un instrumento y casi casi como un objeto, que ese es parte del gran peligro de la modernidad, el que todo pueda ser tratado como un objeto, es decir, el lenguaje también puede ser comerciado, producido, almacenado, transaccionado y demás…

Ahora vayamos al inicio, en donde tendremos que especular un poco sobre el origen y los usos del lenguaje. Imaginémonos a un grupo de “humanos” cazando libre y felizmente por la selva a un mamut (ignorar por favor inconsistencias geográficas o históricas)… Los humanos preparan una emboscada y han acordado que cuando el mamut ataque decididamente a los demás, aquellos que estén libres de peligro le distraerán por distintos métodos. Gracias al lenguaje los humanos podrían decir “correr en el sentido de las agujas del reloj” y todos entenderían el mensaje, también podrían decir “lancen flechas” y todos entenderían, podrían gritar “préndanle fuego” y la intención sería comunicada.

Por desgracia para nuestro amigo mamut el asunto sería un poco más complicado si quisiera comunicar asuntos complejos y precisos… el no podría gritar por ejemplo “ayuda”, solamente podría emitir sonidos que sus congéneres identificarían como de auxilio y quizá se acercarían. Una vez reunidos mamuts y humanos, los humanos podrían gritar “4 ataquen al más grande, 2 al mediano y uno al pequeño”. Y aquí ocurre algo curioso, los humanos en ese momento de la historia tendrían que haber inventado o tuilizado del concepto de los números. Los mamuts por su parte no podrían decir “separémonos, mediano y grande vayan juntos, yo me quedo sólo”, tampoco podrían decir “permanezcamos juntos” o “vayamos todos sobre el humano que se ve enfermo”, mucho menos podrían comunicar conceptos más “abstractos” como “el fuego que ellos traen en su antorcha no es un peligro potencial al no podernos quemar vivos debido a la falta de un comburente”.

Entonces el lenguaje es un instrumento “poderoso” que permite la comunicación, nada más, nada menos… depende de cada lengua la forma en la que se comunica la realidad y demás… cada lengua tiene sus peculiaridades, pero el problema surge en que no todos los lenguajes reflejan la realidad “real” y la realidad “cultural” de la misma forma. Es decir, en español por ejemplo a veces hablamos del amar y del querer, mientras que en inglés solamente se ama “I Love You”. Y este primer problema es el problema de la correspondencia, es decir, no siempre lo que el lenguaje señala corresponde con una realidad respecto de otra lengua y estas precisiones o imprecisiones, dependen de cada lengua. Otro ejemplo… en el español de México a veces las personas que rompemos algo decimos “se rompió”, como queriendo mencionar que la ruptura del objeto se debió a algún desperfecto con el objeto, en lugar de reconocer que nosotros manipulamos mal el objeto y debido a ello nosotros produjimos su ruptura.

Pero bueno, una causa es el problema que tiene el lenguaje como instrumento para describir la realidad y lo demás es que las imperfecciones en el uso del lenguaje no se quedan ahí… Otro gran problema del lenguaje tiene que ver con la manipulación y la mentira del lenguaje. Regresando al asunto de los mamuts… imaginemos que el homínido A le dijo al homínido B: “Tu ve hacia el mamut, haz que te siga y cuando te vaya persiguiendo, yo activaré la trampa”. El individuo A hace exactamente lo que el individuo B le pidió, pero este último no activa la trampa y el mamut mata al individuo A, ¿Qué pasó? Y asi amigos… se creó la ética (es broma).

Lo que sucede es que como decíamos al principio, el lenguaje es sólo un medio, una herramienta, un instrumento, NO garantiza nada en sí mismo, puede ser utilizado y corrompido a voluntad del hablante. Lo cual rapidamente notaron algunos listillos. La solución a este y otros problemas son los contratos, la creación del estado, la ética, la moral y demás artilugios que ignoran que el problema es relativamente simple pero imposible de resolver: el problema es entre otras cosas la naturaleza humana.

Y esto es quizá el origen de la modernidad, una protomodernidad en donde los humanos decidimos que el lenguaje nos garantizaría un futuro común… De pronto este planteamiento suena raro y es raro de hecho. Estamos diciendo que para que no haya rabia, no tengamos perros, bueno, algo así… En realidad lo que yo quiero decir es que nunca podremos tener perros a salvo de la rabia, por más que avance la medicina veterinaria, por lo que es mejor aceptar esa realidad y tratar de ser felices, con perros o sin ellos. Pero el problema no son las mentiras, ni la incapacidad del lenguaje para comunicar ideas con fidelidad, el problema es mayor…

“Eres un esclavo Neo”, recordemos un poco Matrix… El problema es que el humano moderno depende tanto del lenguaje y lo trae tan encarnado y arraigado que su vida muchas veces depende de cosas que pasan a través del lenguaje y a veces la forma sustituye al contenido. ¿Qué pasa con un niño que su madre dice quererelo pero en la práctica no lo atiende? La realidad es que los niños no son tontos y notan inmediatamente la discrepancia y prefieren hechos sobre palabras. Abrazos sobre frases, caricias sobre palabras, comida sobre promesas…

Pero parece ser que esa relación se va deteriorando poco a poco, esto sobretodo por una modernidad que dice lo que nosotros debemos hacer y preferir. De modo que hoy en día hay personas que saben mucho, pero quieren un título universitario que lo demuestre y la sociedad acepta que así debe ser y sólo reconoce la sabiduría si hay un papel de por medio. La realidad es que el papel dice nada respecto a si alguien sabe o no, el papel puede ser impreso, destruido, quemado, borrado y alterado, pero nada de eso puede cambiar el conocimiento de la persona. Esto es a lo que yo llamo manipulación instrumental, es decir, el mundo moderno manipula instrumentos que no necesariamente cambian la realidad.

Volviendo al aunto del mamut… los humanos prehistóricos sabían que de un buen plan dependía la cena del día, pero eran conscientes de que el plan no producía el resultado, sino que era la ejecución del plan la que lo hacía, es decir poner en practica lo que las palabras proponían. Y bueno, si el plan era buena y la ejecución también lo era, esa era la diferencia entre cenar y no cenar. Pero, ¿Qué pasa ahora?, la realidad nos muestra que estamos en el climax del conocimiento humano pero todavía no podemos con ciertas “cositas”… Por ejemplo alimentar a todo el mundo, respetarnos unos a otros, no contaminar tanto, reducir la desigualdad en el mundo, hablar un mismo idioma, etc… Las discrepancias son enormes, pero sobretodo quiero apuntar a algo: hay un desfase terrible entre lo que el lenguaje dice y la realidad y NADIE (bueno, casi nadie) se ha dado cuenta de ello.

El asunto es demasiado simple… ahora gustamos más de que nos digan cosas bonitas “eres inteligente”, “te quiero mucho”, “eres irresistible”, “tienes argumentos geniales” y en general somos extremadamente sensibles a los efectos de las palabras, en detrimento de un mundo que dejamos atrás, y es difícil nombrar a este mundo, porque era un mundo de relación más directa con la realidad.

Podríamos nombrarlo el mundo real, pero la “realidad” como la conocemos es cada vez más difusa, hay una realidad según “la ciencia”, otra realidad judía, una musulmana, una realidad católica, etc… Pero también hay una realidad material/materialista, en donde una persona sólo es feliz en relación a las cosas que tiene y a lo mucho que produce, sea esto tangible o no tangible.

Podríamos decir que este primer mundo fue un mundo instrumental, porque el hombre empezó a usar lanzas y otros instrumentos como el lenguaje. Pero el mundo actual es aún más instrumental… con smilies en los mensajes de texto y correos electrónicos con fotografías y demás… los instrumentos son tan importantes en nuestras vidas que hay gente que no concibe el “día a día” sin cosas como papel de baño, shampoo, cucharas, zapatos, etc…

Para mi ese primer mundo fue algo así como “el mundo antiguo”, pero es un concepto que no definiré ni ampliaré en este momento, simplemente se refiere a un mundo de mayor correspondencia con la “realidad”. Un mundo en el que si una persona mentía a otra, la segunda podría darle un puñetazo a la primera. Hoy en día la mentira es tan común que ni siquiera es punible (y no debería de serlo), pero es importante señalar que finalemente aceptamos vivir en este mundo del lenguaje y eso trajo consecuencias raras.

Las raras consecuencias son que vivimos en un mundo lleno de infidelidad, pero nos encanta leer y escuchar “te amo”, vivimos en un mundo lleno de fraudes, pero nos fascinan ciertas palabras “rendimientos, dividendos, acciones, utilidades, crecimiento, retribución”, etc… Vivimos en el mundo de #laignoranciaempoderada pero nos fascina que nos digan que somos inteligentes, listos, despiertos, innovadores, diferentes, etc…

La cuestión es que acabamos amando más la forma que el contenido, la caja que el regalo, lo de afuera, que lo de adentro…. Y no nos dimos que cuenta que lo demás acabó sin valor alguno… Somos esclavos del lenguaje, porque sin él no sentimos que los actos puedan transmitir tanto (aunque lo hacen), esclavos del papel moneda, esclavos de los títulos universitarios, esclavos de los libros, esclavos de los discursos…

La salida.

Nuevamente pido que no se malentienda y que se reflexione de mis palabras, al igual que en mis críticas a la tecnología y la modernidad, yo NO estoy pidiendo ni sugiriendo que nos quedemos mudos y dejemos de comunicar cosas a través del lenguaje, eso sería absurdo.

Lo que pido y a donde apunto es a regresar al mundo antiguo, a devolverle el valor a las cosas. A atrevernos a quemar ese título universitario (metaforicamente) y a valorarnos por lo que realmente somos y no por lo que el lenguaje instrumentado nos dice que somos.

¿Sabe más rico un pastel si lo cocina un chef antes de graduarse a que si lo cocina el mismo chef un mes después de recibir su título universitario?, ¿Me quiere más esa hermosa mujer si me dice “te amo mucho” a que si me dice “te amo”? ¿Y si me dice “te amo mucho mucho mucho mucho…”?.

Hay que dudar, dudar de las palabras, dejarlas a un lado, dejar de enviar mensajes y hablar con las acciones. Hay que caminar, hay que cocinar, hay que bailar, hay que rellenar los espacios que el lenguaje deja vacíos.

Dejar de pensar que la fórmula clásica de la modernidad es verdad, porque es una absoluta mentira. Tu jefe puede mentir respecto a lo que piensa de ti, tu madre también, tu padre igual. Pero una cena deliciosa cocinada con esmero y precisión dificilmente miente, un gesto de agradecimiento dificilmente miente, una sonrisa desde luego que se puede fingir, pero una convivencia continua llena de sonrisas, dudo mucho que se pueda fingir.

E igual pasa con el conocimiento… es momento de conocer al otro en vez de solicitarle sus papeles, es momento de arriesgarnos y despojarnos de las ropas del lenguaje para regresar a las formas más simples y arcáicas de la comunicación. Es momento de dejar de enojarnos cuando nos digan tontos, estúpidos, inéptos… porque las palabras pueden comunicar con precisión muchas cosas, pero sólo “dios” sabe si son ciertas o no.

Nos duele que no nos crean cuando decimos la verdad, nos duele que no nos crean de que somos inteligentes, nos duele que no tomen en cuenta nuestra opinión, todo eso nos duele. Pero porque le dimos más importancia a la retroalimentación lingüística que a los indicios “reales” de que algo es cierto o no es cierto.

Nos enamoramos de promesas, siendo que las promesas son solo palabras, sólo reflejan intenciones que quizá se cumplan o quizá no, como la persona que “prometió” activar la trampa cuando el mamut persiguiera a nuestro amigo… Y es que la mente egoista a veces prefiere vivir en el mundo mental, en el mundo del lenguaje, en donde la lógica lingüística rapidamente advierte de muchas posibilidades, pero las cuales no se ajustan a un mundo físico.

Creemos también que lo más importante a veces es que la gente “piense” como nosotros, pero no nos damos cuenta de que no hay un nosotros y no hay un yo sin un lenguaje que lo piense y lo estructure. Las imágenes mentales a menudo también son esclavas del lenguaje, porque buscamos los resultados y no los procesos… porque caemos en trampas ridiculamente idiotas… nos dicen que en broadway están las mejores obras de teatro, el lenguaje articula argumentos para que pensemos que eso es cierto, entonces perdemos la capacidad de juzgar y disfrutar obras de teatro más espontáneas, de esas que están en el metro, en la plaza, en donde sea…

En resumidas cuentas: el gran problema del lenguaje y la modernidad, es que preferimos vivir en la palabra que en la acción.