Al final la ciencia si resultó ser del diablo

La modernidad (insisto) es ese espacio en donde se supone que existe un corpus objetivo que da cuenta de cómo deberíamos vivir los humanos en este planeta, es un constructo que lamentablemente aceptamos los humanos por la creencia de que la vida y la civilización no es posible de otro modo y se sustenta entre otras cosas en “el mundo instrumental”, que es ese mundo científico, institucional y lingüístico que pretende decirnos como es el mundo en lugar de que nosotros podamos experimentarlo “tal y como realmente es” (guiño a vipassana).

Sin embargo la modernidad ha fallado y sigue fallando, pero es practicamente imposible que la gente lo vea, entre otras cosas porque vivimos en el mundo instrumental, en el mundo material, en el imperio de lo efímero, yo podría ahora mismo salir a la calle a gritar que el petróleo va a escasear notablemente en los próximos años como apunta Antonio Turiel en su blog, e inmediatamente mucha gente reaccionaría (si es que la gente reacciona), muchos podrían decir que eso es mentira y quizá alguien me llevaría a alguna gasolinera para que yo viera con mis propios ojos como los autos siguen cargando y los aviones volando y los barcos navegando.

Del mismo modo yo podría decir que la deuda global es ya insostenible, pero nuevamente alguien podría llevarme a un banco y mostrarme como entran y salen depositos y entonces veríamos que aparentemente todo está bien, sin embargo esa es sólo una realidad aparente, un convencionalismo.

La realidad es que es posible que el mundo no se acabe ni colapse en esta decada, quizá tampoco en la siguiente, pero en 20 años puede que lo haga, la cuestión no es cuando exactamente, sino que lo hará y será demasiado tarde, a menos que hagamos algo. Pero yo NO estoy llamando a la acción, sino a la reflexion, en un sentido más amplio a la educación y al cambio de nosotros mismos, a un cambio que es casi imposible, pero que es posible.

La cuestión como he querido apuntar en este blog es que la humanidad se enfrenta a severas crisis, una de ellas es la de recursos (en donde destaca la energía) y la segunda de ellas, que quizá es más sutil y difícil de ver es la crisis del individuo, en donde la humanidad perdió el “principio de correspondencia” y los individuos hoy en día carecen de identidad.

Sin embargo todo lo que digo parecen tonterías en un mundo en donde todo sigue “girando”, en donde la ciencia sigue haciendo descubrimientos “nuevos” y en donde pareciera ser que los grandes problemas del mundo se van solucionando, es decir, nos dicen que aún hay petróleo para rato, que el coche eléctrico se va a abaratar, que cada vez fabricamos mejores paneles solares y entre otras muchas cosas nos siguen la idea de la felicidad occidental, es decir, para ser feliz tienes que: tener un buen trabajo, vivienda digna y propia, una pareja, hijos, auto, perro, pagar tus impuestos, consumir, votar y demás…

Sin embargo la realidad es que nuestra forma de vida es insostenible y el mundo empieza a mostrar que hay goteras en nuestros techos que ya no se van a poder sellar con alguna inovación científica o cambio de leyes, el mundo debe cambiar hacia un modelo “ultra-sustentable”, del que no voy a hablar en este momento.

La cuestión es que “al final, la ciencia sí resultó ser del diablo”, reviviendo ese mito de los ultra conservadores de que los avances científicos que opacaron las doctrinas religiosas del siglo pasado terminarían llevando a la humanidad a la ruina por profanar laas leyes divinas y los designios del Dios creador, además de destruir la Tierra por sus recursos naturales, contaminando y mancillando las bellezas de la creación.

La situación es que la ciencia y la modernidad crearon determinados monstruos de la modernidad que son invisibles e incuantificables, uno de ellos por ejemplo es el monstruo de los científicos progresistas. Y es que los científicos o dicho de una forma mas genérica, los universitarios (o cínicos, como se les llama en este artículo) han contribuido a crear un mundo en donde la retórica del conocimiento ha instaurado una dictadura de facto basada en la razón.

La cuestión es que el mundo se colapsa, pero los cínicos no son capaces de hablar, de dar cuentas, de ofrecer soluciones ni de alertar sobre lo inminente, para ellos el mundo esta en su climax y el desarrollo y el progreso van para largo. Nos sacaron de la jungla y esperan que les agradezcamos por habernos librado de la ignorancia y habernos situado en una ciudad con duchas con agua caliente, pero no nos dicen que cada vez es más difícil conseguir recursos para que el agua siga estando caliente y además nos dicen que para seguir siendo felices necesitamos ahora una alberca techada con agua caliente, porque nunca es suficiente lo que tenemos para ser felices.

Es entonces cuando los cínicos, es decir, científicos y demás graduados universitarios creen y son parte de un mundo instrumental, es decir, un mundo mediado de objetos e instituciones que constantemente nos repiten cómo debemos ser, ya no solamente para ser felices, sino para formar parte de algo que además de que no existe (es decir, existe simoblicamente, pero nada más) está colapsando (la civilización, la economía).

Los cínicos aún creen que los problemas de la humanidad tienen solución basados en el crecimiento, aunque esa idea y tendencia se desvanece cada vez más y todo ello porque se niegan principios fundamentales, como que toda actividad económica requiere de recursos, los cuales son limitados porque vivimos en un planeta finito.

Sin embargo el asunto de fondo es aún más doloroso y es el que nadie quiere ver… y se refiere al hecho de que hemos fallado como individuos. Como bien apuntaba Bauman, la era de los individuos terminó, ¿Cuando terminó? Probablemente cuando los medios instrumentales del mundo instrumental pudieron reemplazar los medios intersubjetivos de un mundo que no contaba con automóviles, para decirlo de un modo metafórico: perdimos todo cuando dejamos de volar a los lomos de nuestro dragón imaginario y decidimos ponernos a trabajar para poder pagar un boleto de avión.

La cuestión fue abordada por muchos autores, entre otros por Marx cuando habló de lo que es el capital, la plusvalía y sobretodo la alienación, ese fenómeno por el cual el obrero se esclavisa al trabajo al vender su mano de obra a cambio de dinero (del cual hablaremos en otra ocasión), con lo cual cede toda individualidad a un mercado laboral en el cual solamente somos objetos que tienen caducidad, márgenes de eficiencia y demás…

Ahora, la pregunta correcta ya ha sido respondida, pero vale la pena volverla a hacer: ¿Por qué permitimos que esto pasara? Antes de ello es importante mencionar que para muchas personas aun somos individuos, es decir, el discurso imperante de la modernidad es que todos tenemos ideas valiosas, sentimientos únicos y en general asuntos e ideas personales que nadie más tiene ni podría tener, algo así como que cada quien vale por lo que es y eso es maravilloso. Sin embargo en la realidad solamente somos mercancía, nichos de mercado, tendencias, grupos, mayorías y minorías, números, un blog más de wordpress…

Al final todo se resume a que las personas buscan realizarse de una u otra forma pero siempre dentro de los parámetros del mundo instrumental, dentro de los parámetros de la modernidad. Yo quiero ser médico, por x,y y z, para tener un buen empleo, una casa, un auto, familia, y “salvar muchas vidas”… Yo quiero ser abogado por x,y,z, para tener un buen empleo, una casa, un auto y “luchar por las causas justas”, yo quiero ser maestro por x,y,z, para viajar por el mundo, tener una casa, un auto, etc, etc… y “enseñar a mis alumnos a pensar de verdad y cambiar el mundo y combatir la corrupción y acabar con el hambre en África”…

Al final todos queremos “lo mismo” y aquí muchos podrían tildarme de generalizar y demás, es un riesgo y posiblemente pueda ser cierto, ciertamente no estoy exento de sesgar mi visión, pero es algo que no importa, puesto que yo he abandonado hace tiempo la idea de que se pueda ser “objetivo”, esa idea pertenece a la modernidad, a los cínicos, a los científicos que creen que el mundo es A ó B, 0 ó 1, yo creo que podría ser ambos o ninguno, uno u otro, creo que el conocimiento es irrelevante, lo importante es la duda… Pero incluso algunos cínicos se me han adelantado y han proclamado que suya es la duda, entonces digamos que yo tengo nada.

La ciencia cumplió entonces con la profecía de la ultra derecha y se consolidó como un poder que niega y deniega la inminente crisis y el colpaso de la modernidad y sí, en ese sentido yo soy un necio que me niego a ver la realidad y que concuerdo con que hay 109 Premios Nobel insensatos: o de cómo la “ciencia” se pone al servicio del “colapsar peor”.

La cuestión al final como siempre es simple pero casi imposible que la veamos por nosotros mismos, se trata tan sólo de renunciar:

  • Renunciar a los principios modernos del mundo instrumental, es decir, a la idea de que siguiendo los modelos de vida de la televisión vamos a ser felices, empero, la casa, el auto, el maravilloso empleo, la reputación social, la mascota, los buenos hijos, el mejor celular, las vacaciones paradisiacas y demás “instrumentos” no nos darán la felicidad por sí mismos. La relación entre el mundo instrumental y la felicidad es la mayor mentira de la modernidad, efectivamente los ricos pueden vivir cosas que los pobres no podemos, pero sus fotos en Dubai sonriendo mientras sostienen una copa de vino solamente demuestran que necesitan ser vistos siendo “felices” porque en realidad hay goteras en la habitación de su ego.
  • Renunciar al hipercapitalismo: Se trata de vivir cada vez con menos, consumir menos, caminar más, comer menos carne, plantar más huertos sustentables. Es importante mencionar que no se trata de comprar focos ahorrativos y autos eléctricos, eso es una falacia. Se trata de cambiar radicalmente la forma en la que vivimos.
  • Renunciar al estatus social y a la ciencia como pensamiento modernista: Aquí hablamos de dejar de ser cínicos, de dejar de sentirnos superiores frente al ignorante analfabeto, aceptar que nuestra condición de “poseedores de conocimiento” o “poseedores de la verdad” no nos ha llevado a ningún lado, no somos más felices por saber más y de nada sirve saber si dios no existe o si si existe, es necesario aceptar la diversidad y aceptar que es bueno saber cosas, pero eso (insisto) no nos lleva a la felicidad. El mundo instrumental también se construyo con la figura de grandes genios que iluminaban sendas que antes estaban cubiertas por el velo de la ignorancia, las masas se arremolinaban ante estas figuras que nos conducirían a un mundo idílico en donde habría autos voladores, robots que hicieran la limpieza y la medicina nos haría vivir 300 años sin las consecuencias del envejecimiento. Sin embargo la ciencia también nos engañó y nos oprimió con el uso del lenguaje científico, nos descalificó bajo la lógica de la productividad y al final los avances nos ataron más allá de la liberación. (ver nota 1).
  • Renunciar a nosotros mismos: aceptar la verdad psicoanalítica, es decir, aceptar que nuestra condición humana es igual de torpe que hace 2000 años, que somos animales, monos, homínidos y que por lo tanto estamos (y estaremos) dominados por mucho tiempo por nuestras pasiones e instintos más bajos. Aunque lo intentemos ocultar, la realidad es que nuestra humanidad no ha evolucionado al mismo nivel que nuestra ciencia. Somos capaces de llegar a la Luna, pero incapaces de limpiar los mares, incapaces de ser menos y de generar menos basura, incapaces de dar de comer a todos, incapaces de vivir en paz, incapaces de tantas cosas… Y el problema NO es el otro, somos nosotros mismos, porque sólo nosotros podemos cambiar. La verdad psicoanalítica es única y simple: Aceptar que nunca seremos el hijo favorito de mamá o el mejor empleado de la empresa o el científico más brillante del mundo o el hombre más rico del mundo. Y si por alguna razón lo conseguimos, encontraremos que la mente siempre va a querer más cosas, la mente es insaciable, a menos que vivamos de otro modo, a menos que renunciemos.

Probablemente después hable de las alternativas, que en realidad siempre han estado ahí, puede ser budismo, puede ser austeridad, puede ser aceptarnos como somos, pueden ser miles… pero hay que renunciar y eso es de lo que trata este post. Tarde o temprano lo tendremos que hacer, pero entre más tardemos, más doloroso será.

Nota 1: Ruego que se entienda que ni este ni otros artículos critican a la ciencia en sí, sino a su uso como instrumento de influencia y opresión y al pensamiento científico que se niega a reconocer que existen límites biofísicos al crecimiento de la población o a la explotación de recursos. Es importante entender que la ciencia produjo grandes avances que no se encausaron en mejorar la vida de los habitantes, sino en crear un mundo instrumental que no ofrece mejores condiciones de vida que las del mundo antiguo. Lo ideal sería poder aprovechar las bondades del conocimiento científico con libertad y justicia entre los humanos, pero esto no es posible con un pensamiento científico que busque la eficiencia o la produtividad, con una ciencia que hoy en día permite ver televisión via satelital pero que aún no ha podido lograr acabar con el hambre en el mundo. Pensar que son problemas distintos es un error muy grave, porque niega la interrelación entre un discurso progresista y su “ala” instrumental que es la ciencia. En todo caso, es imposible que los humanos modernos neguemos que ya todos estamos atorados en el mismo fango, la diferencia es que unos son cínicos y otros aceptamos la verdad.

¿Por qué la modernidad es peor que el oscurantismo?

A los seres humanos nos cuesta mucho trabajo entender que es la modernidad y cuales son sus consecuencias, vivimos muy cómodos en este mundo de iPhones, aviones, netflix y demás artilugios, pero dejamos de ver hacia a donde vamos, dejamos de lado muchas cosas, es el precio de vivir en esta era.

Vamos a hacer un “breve” y necesario repaso hacia lo que es la modernidad, antes de eso recomiendo recordar mi post introducción a la modernidad, ahora bien, como decían dos de mis profesores, todos nosotros somos hijos de la ilustración. La ilustración o siglos de las luces fue un movimiento cultural sumamente interesante que entre otras muchas cosas buscó liberar al ser humano del yugo opresor de la dinámica intelectual de la época, esto es basicamente el movimiento religioso predominantemente cristiano que imperaba en occidente en aquella época.

Se trata de una época en la que la idea de que la Tierra era el centro del unvierso predominaba y el mayor problema es que todos los asuntos del universo redundaban en el Dios cristiano. En ese mundo no había cábida para algunas ideas como el pensamiento libre e individual, la libertad plena de la mujer, la igualdad entre razas y culturas, etc…

Lo curioso es que hoy en día vemos aquellos ayeres como un época oscura, como el “oscurantismo” y no vemos lo que está pasando en estos momentos. Para la modernidad el oscurantismo es una época en la que se pudieron haber salvado millones de vidas, de no ser porque no se daba mucho crédito a la medicina, es un momento de la historia en donde la humanidad menospreciaba la razón, son los siglos perdidos de la civilización.

Y es que ciertamente no fue la mejor época de la humanidad, pero tampoco la peor, el pensar que la tierra es plana o que es el centro del universo o que la vida surge espontaneamente o que el plomo puede convertirse en oro (alquimia) son solamente manifestaciones efectivas de un pensamiento mágico que no busca argumentos, pero son parte de una expresión propia de otro tiempo, son un ejercicio de un pensamiento que quizá era menos tolerante que el de ahora, pero que tuvo y tiene derecho de existir.

La parte no tan negativa es que en el oscurantismo las relaciones entre humanos tenían otro significado, quizá más profundo, quizá más real, porque las acciones sociales debían ser reguladas por un Dios omnipresente, los matrimonios se realizaban a través de rituales sacramentales que no eran tan líquidos e inestables como los matrimonios de hoy en día, en esos tiempos el divorcio era nada común a comparación de lo que es ahora. Sin embargo no hay que confundirnos, este artículo NO propone que volvamos al oscurantismo.

¿Qué pasó entonces? Lo que sucedió después fue la barbarie civilizada, la incipiente clase burguesa fue la que aprovecho mejor la cultura que trajo la ilustración y recogió todos los frutos del avance del pensamiento en el mundo. Como de la nada surgieron dos ramas del árbol de la ilustración que parecen ser opuestas, pero que en realidad son lo mismo en cuanto a la deshumanización se refiere: nacieron juntos el (hiper)capitalismo y el socialismo/comunismo.

La cosmovisión de occidente se cimbró y la iglesia y la humanidad perdieron el poder que dios tenía hasta ese entonces, no es casualidad que un famosisimo filósofo escribiera “dios ha muerto” y en su lugar nacieron nuevos dioses llamados radio, televisión, dinero, fama y unos monstruos que parecen “buenos” pero son los más malvados del mundo: conocimiento objetivo y educación.

Los nuevos templos de la modernidad ya no son las iglesias, ahora son los centros comerciales sugiere Jesús en la proa del argo y dios queda en un segundo plano opacado y eclipsado por los Boeing 777-300 que surcan los cielos gracias a un conocimiento que la biblia jamás nos dejó.

Ahora, ¿Cual es el problema? El problema es invisible pero está en todas partes, el problema es que vivimos en un mundo de capitales flotantes, de dinero de papel (literalmente hablando) y en un mundo hipercapitalista en donde el individuo ya no existe, pero se siente muy contento y muy libre de poder ejercer su libertad de expresión en Facebook, digo… wordpress.

El problema es que vivimos en una economía de libre mercado en donde el mercado es todo menos libre, porque hay inconsistencias económicas que nadie puede explicar, pero sobretodo porque no nos damos cuenta que hemos sido convertido en mercancías.

En el oscurantismo una persona podía rezar y eso la afiliaba automaticamente a la comunidad eclesiástica, el ser participe de ciertas actividades culturales garantizaba un mínimo de participación en una sociedad organizada. Hoy en día no nos hemos dado cuenta, pero hay una exclusión generalizada de la población, la única forma de ser incluído está en ser productivo, pero, ¿Qué es ser productivo?.

Ser productivo es ser útil a la sociedad, el mayor exponente de la productividad es la generación de dinero, aunque sea de papel, porque una persona podría tener muy buenas ideas, pero si no se pueden capitalizar, no sirven, si no generan renta, dividendos o que sé yo, no sirven. El arte solamente es arte si alguien está dispuesto a pagar por ello, ese el mundo hipercapitalista, el mundo que nos dejó la ilustración, un mundo líquido sin leyes en donde solamente impera el poder directo e indirecto del dinero.

Anteriormente mencionabamos por ejemplo la educación y el conocimiento objetivo y aquí mucha gente me atacaría (si me leyera) por ir en contra de la educación, la única herramienta que nos permite salir de las terribles garras de la ignorancia y ascender en la escala social para beneficio de la humanidad. Pero es justamente la educación uno de los grandes factores de exclusión, no porque el conocimiento sea malo, sino porque es un instrumento que legitima un mundo hipercapitalista insostenible, el pobre es pobre porque desconoce los medios que le permitirían producir para ganar su propio dinero. Para el mundo moderno todo es producción, todo es innovación, todo es competencia y quienes no pueden ajustarse a los parametros que el mercado (laboral) exige, deben ser descartados, son daños colaterales en el camino a la conquista de las estrellas, lastres en el camino del progeso, personas que no son dignas de continuar en la gran marcha de la humanidad porque no pueden aprender lo que es la ciencia.

Esa es la triste herencia de la ilustración: un mundo excluyente que nunca se paró a pensar para qué queríamos autos, aviones, celulares, computadoras y demás artificios de la modernidad antes de poder resolver un problema fundamental: ¿Qué es la felicidad y que necesitamos para obtenerla?. Desde autonomía y bienvivir proponen una serie de alternativas para “bienvivir”, es decir, llevar un estilo de vida acorde con el planeta y nosotros mismos, muy contrario a la idea de la “cultura del bienestar” de la modernidad que se resume en: ten un buen empleo, una casa, un auto, un seguro médico, una familia, hijos, consume, paga tus impuestos y serás feliz.

En fin, dejo esto abierto a la reflexión y continuaré escribiendo sobre la modernidad.

El artículo por el que (no) seré odiado

Hay quienes hablan de sobreadaptación, esa capacidad que tiene el homo sapiens para adaptarse (valga la redundancia) a su medio a pesar de las condiciones del mismo, Darwin postuló que el organismo más adaptable al medio era el más propenso a sobrevivir, pero adaptable no significa que sea el más “apto”, ni el mejor, ni nada por el estilo, simplemente es el que responde mejor. En psicología conductual podríamos decir que la persona más adaptable es aquella que “responde de forma más eficiente a las contingencias que se le presenten”.

Ayer platicaba con una amiga y le mencionaba que los seres humanos somos cada vez menos “sorprendibles”, mucha gente hace 30 o 40 años habría considerado imposible una televisión de 40 pulgadas más ligera que aquellos trastos en blanco y negro que existían antes o una computadora de 1TB de espacio en el disco duro, considerando que los discos de 3 /12 almacenaban 1.44 MB, a lo que quiero preguntar: ¿Que pasaría si trajeramos a un cavernícola a nuestros tiempos? ¿Cómo reaccionaría ante los aviones, los televisores, proyectores, autos, etc.?

La peor pesadilla de la humanidad sería que el cavernícola no reaccionara, aunque sería probable que el estilo de vida moderno le causase un shock, lamentablemente no podemos realizar dicho experimento, pero con la sociedad pasan cosas interesantes, muchos críticos de opinión mencionan por ejemplo que la sociedad reacciona cada vez menos ante la violencia que hay en México, ¿Eso es adaptación? Considero que la modernidad nos lleva a un estado de indefensión en donde ya estamos aceptando todo lo que pase sin hacernos cuestionamientos de fondo y eso es lo que haré hoy o trataré de hacer hoy: cuestionar.

Ahora haré un ejercicio de libertad de expresión, y me expresaré respecto al sismo ocurrido recientemente en México y la reacción de la sociedad.

Lo primero que me llama la atención es que México es un país profundamente dividido y esto se remonta incluso a la época prehispánica, si nos detenemos a estudiar un poco la historia podemos ver la complejidad de todas las civilizaciones que existieron en México previo a la conquista, durante la conquista y posterior a la conquista, incluso en nuestra historia contemporánea hay quienes hablan de “tribus urbanas”, lo que deja en evidencia la pluriculturalidad de México, un elemento que en primera instancia es enriquecedor pero que en nuestro México está lleno de ciertos “estigmas”.

Citemos una parte de una canción de Amparo Ochoa:

Se nos quedo el maleficio
de brindar al extranjero
nuestra fe nuestra cultura
nuestro pan nuestro dinero.
Hoy les seguimos cambiando
oro por cuentas de vidrios
y damos nuestra riquezas
por sus espejos con brillo.

Hoy en pleno siglo XX
nos siguen llegando rubios
y les abrimos la casa
y los llamamos amigos.

Pero si llega cansado
un indio de andar la sierra
lo humillamos y lo vemos
como extraño por su tierra.

Tú, hipócrita que te muestras
humilde ante el extranjero
pero te vuelves soberbio
con tus hermanos del pueblo.

El fragmento anterior habla mucho de un sentimiento que la modernidad intentará a toda costa cubrir, pero que difícilmente separaremos de nuestra historia, el “malinchismo” y es uno de tantos problemas que afectan una sociedad dividida, pero insisto debemos tener cuidado, pensar que nuestras diferencias nos unen es un error, hay que pensar “somos tan diferentes que podría funcionar”.

Mi/la propuesta es reconocer que México esta dividido en dos niveles fundamentales en el nivel social y en el nivel estatal, es decir, México es un estado fallido y una sociedad fallida. Estado fallido por la terrible impunidad que existe, por la intolerable corrupción, por la ignorancia sistemática provocada por un sistema educativo deplorable y demás…

Y sociedad fallida por la incapacidad de sus ciudadanos de ser individuos, de ponerse de acuerdo en algo, de actuar solidariamente, de construir instituciones, agrupaciones y fundaciones que no trabajen solamente para ciertos intereses y aquí aclaro que siempre hay sus honrosas excepciones pero guiarnos por la peligrosa frase de “no hay que generalizar” es ser moderno y pretender que no existe una tendencia, que no existe una serie de mecanismos o servomecanismos que nos han llevado hasta este punto, es ser ingenuo y victimizarnos, es dejar de lado una responsabilidad sobre el estado de este país que todos compartimos en cierta medida, es ser como una hoja al viento sin ningún control de su destino, porque efectivamente una hoja no puede cambiar la dirección del viento, pero poco a poco el silencio también nos vuelve cómplices, ¿Podemos escapar a las consecuencias de estar vivo?.

Por lo tanto considero que hoy en día hablar de una identidad nacional o un orgullo nacional es mentir, mentir porque vivimos en un México que no se puede poner de acuerdo en prácticamente nada, y tampoco es una situación característica de México, sino del mundo, pero en México se refleja de un modo particular. Hace tan solo una semana Jenaro Villamil era “invitado” a no marchar al frente de una marcha (valga la redundancia) que condenaba el feminicidio de Mara Fernanda Castilla, ciertas mujeres le decían que tenía que ir a un costado o en la parte de atrás, ante lo que yo me preguntó ¿Cómo se puede leer o entender eso?. De modo que ese México que no permitió que hombres y mujeres (mexicanos y mexicanas) marcharan “codo a codo” exigiendo justicia en un feminicidio que sacudió a la sociedad contrasta profundamente con un México que de la noche a la mañana se volvió solidario con todas las víctimas del terremoto.

Y entonces surge algo que a mi parecer es demasiado curioso: de pronto todo se trata de ayudar y elogiar a los que ayudan dejando de lado el cuestionamiento la sospecha y ante de continuar quiero hacer un paréntesis: De ninguna manera considero que debe de dejarse de ayudar ni critico a los que ayudan, por el contrario lo agradezco, sin embargo considero que los problemas de México son estructurales y esos problemas son invisibles para una masa que se moviliza sin un orden aparente.

Hagamos algunas concesiones, digamos que la gente que ayuda lo hace con un corazón muy sincero y está ampliamente dispuesta a cambiar México, digamos que es gente profundamente conmovida por el sismo y que siente una gran empatía por sus similares que están pasando un terrible momento.

Ahora las preguntas: ¿Qué le hace más daño a México?, ¿Un sismo o la corrupción?, ¿Un sismo o la falta de educación de calidad?, ¿Un sismo o todos los sentimientos que tenemos hacia los pobres?, ¿Un sismo o la impunidad que hay en México?,

Como decía anteriormente el problema de México es estructural, es de raíz, digamos en términos prácticos “el que la gente remueva escombros y done despensas no creará mejores empleos ni meterá en la cárcel a los responsables de haber construido edificios deficientes, ni mejorará el nivel educativo, etc, etc…”.

Y es que el problema es la distancia tan grande que existe entre el estado y la sociedad, porque la sociedad ha tolerado sistemáticamente al estado, ha olvidado la relación que existe entre una y otra cosa y como he repetido muchas veces: la modernidad ha ido eliminando progresivamente el principio de correspondencia.

En consecuencia lo peor que le podría pasar a México ahora y que seguramente va a pasar es que todo vuelva a la normalidad, que nadie cuestione el por qué pasó lo que pasó que concluyamos que lo importante fue salvar las vidas de los atrapados en los escombros en lugar de pensar en por qué se cayó el edificio, y siguiendo con las preguntas incómodas, ¿A cuantos mató el sismo y cuantos mueren de hambre?, ¿Cuantos murieron por los escombros y cuantos ven sus vidas arruinadas por la violencia, la corrupción o la impunidad?.

La cuestión es relativamente simple, si todos saliéramos a exigir y hacer justicia por todas las causas justas en México, algo empezaría a cambiar y cuando digo “hacer” no entro en conflicto con el principio constitucional de que “nadie puede hacer justicia por cuenta propia” no soy de aquellos que promueven a los justicieros anónimos, hablo de una organización sistemática en donde los ciudadanos podamos vincular nuestras exigencias a la realidad, es decir, restablecer el principio de correspondencia. Un ejemplo “pequeñito” por allá del periodo de 2006 a 2012 subieron los impuestos y entre ellos hubo uno especial a las telecomunicaciones, en aquel entonces la sociedad se indignó y “se logró” que se gravara con un nuevo impuesto el internet, esto fue producto aparente de una sociedad, o por poner un ejemplo más reciente, la llamada ley “tres de tres” fue parte de una iniciativa social, ¿Hasta donde podría llegar una sociedad organizada?.

Ahora no nos hagamos ilusiones ni nada por el estilo, el problema no se va a solucionar con ideas, ni con políticas, tampoco con sanciones, el problema tiene que solucionarse de fondo, el problema se acerca más a una situación psicoanalítica en donde todos reconozcamos que pese a nuestras diferencias nos necesitamos mucho más de lo que parece, en donde seamos capaces de dejar de ser cangrejos, siempre jalando al que intenta escapar de la cubeta, en donde la sociedad pueda sitiar a los mecanismos que la tienen sitiada (referencia al libro “la sociedad sitiada”), pero el asunto insisto, creo no se completara en esta generación o este siglo, aun así es bienvenido el debate.

Señalo entonces que vivimos en una sociedad incapaz de actuar en consecuencia de algo, una sociedad que no sospecha, que no problematiza y que quiere mostrar cierta solidez, que quiere mostrar solidaridad, unión y orgullo en un evento que nos afecta a todos como nación, pero en donde la realidad es diferente, superficial y pasajera, como todo en este mundo líquido (referencia al libro “modernidad líquida”).

Insisto, lo peor sería (y probablemente va a ser) que esta reunión sea solo por “encimita” y mientras pasa el temblor, vale la pena mencionar que la revista proceso mencionaba que en los 32 años de diferencia entre el temblor del 85 y del 2017, no hemos aprendido nada, porque de nuevo volvieron a colapsar edificios por malas prácticas de construcción y mantenimiento.

Entonces queda por delante un evidente camino en “Y” en donde si elegimos transitar por donde estábamos transitando ya sabemos lo que nos espera, más de lo mismo y hasta el siguiente temblor para volvernos a reunir, mientras que por el otro camino se encuentra la posibilidad de ser “realistas” (no me gusta esa palabra) y asumir que hay mucho por hacer pero que estamos en desventaja los que auguramos un cambio y me refiero a un cambio ideológico, un cambio en el que aceptemos que hemos fracasado como civilización por egoístas y por pretender que la modernidad, es decir, la ciencia y la tecnología podrían “salvarnos” de los peligros de estar vivo, por ejemplo de los sismos, la realidad es que la vida es frágil y que la convivencia se pierde mientras los más afortunados siguen y seguirán tomando café en Starbucks intentándonos convencer de que eso es ser feliz.

Otra vez la burra al maíz

La hipercomunicación, es decir, el fenómeno que nos permite comunicarnos instantáneamente con todo el mundo y expresar nuestras opiniones trae consigo ciertos problemas y fenómenos que escapan de diversos controles, hoy en día se puede transmitir videos en vivo que den cuenta de desastres naturales, delitos, experiencias, opiniones y demás, el problema es que conviven entre sí informaciones que pueden distorsionar o desviar la atención de eventos realmente importantes, aunque desde luego cada quien es libre de hacer lo que quiera.

Anteriormente escribí la ignorancia empoderada, en donde daba cuenta de como cualquier persona puede opinar en internet y eso da lugar a que a la gente entre ella misma valide o convalide información carente de criterio, algo así como la libertad de expresión convertida en libertinaje, lo cual NO es malo, mucho se ha luchado para que todos disfrutemos de la libertad de expresión, el problema es que hay un detrimento de la calidad de las expresiones ajenas, porque ahora resulta que todo el mundo opina, todo el mundo sabe. He de insistir que lo que vivimos actualmente es la pérdida de la individualidad, muchos de los que escriben en internet simplemente reflejan las ideas que circulan en el inconsciente colectivo, en el internet, en los medios y en otros canales que no necesariamente son visibles, medibles o cuantificables.

Ahora, vayamos de lleno al tema, la “polémica” mars ha vuelto a abrir la boca y nuevamente ha llamado la atención de mucha gente al decir en resumidas cuentas que “los pobres” no deberían tener hijos. Ante lo cual me pregunto si esa idea es “suya” o hay alguien más (un “manager” por ejemplo) que esté detrás de ese tipo de exhibiciones que claramente buscan generar polémica, porque en internet tráfico es dinero. Creo sinceramente que hay un mecanismo que le dice a ella que decir o que temas tocar, no creo que sea una coincidencia que otra “youtuber” hiciese un video secundándola, pero me reservo mi derecho de ver el otro video, el primero ya es lo suficientemente decepcionante.

Entonces la “mars” propone que los pobres no deberían tener hijos y lo que me sorprende en primera instancia es la cantidad de personas que dicen babosadas como “tienes razón, pero debes suavizarlo”, “tienes la idea pero está mal enfocada”, “tienes razón en parte”, o un comentario muy intelectual que decía “si hubieras ido a la escuela sabrías que hay algo que se llama ‘pragmática del lenguaje’ que sirve para decir las cosas sin ofender'”, etc.

Y me sorprende lo anterior porque a mi parecer los comentarios de la “mars” son sumamente cuestionables y de hecho los cuestionaremos, pero en esta modernidad líquida (léase a Bauman) no hay un escrutinio de la literatura científica ni social ni nada, hay nada, solamente hay opiniones, que yo insisito que son opiniones ajenas, pero bueno, quizá eso lo abordemos en otra ocasión.

Ahora bien, la crítica:

“Los pobres no deberían tener hijos”: La niña dice esto y al hacerlo no se da cuenta de que propone normar o regular la vida de los pobres, ante lo que yo pregunto ¿Quién es ella para decirle a “los pobres” que hacer?. Claramente no es una socióloga. Aquí hay un problema serio porque ella pretende meterese con las garantías individuales, con el libre albedrío, con la soberanía de cada quien justificada en una serie de argumentos moralistas, como que “traen gente al mundo a sufrir” y cosas por el estilo. Y entonces vale la pena recordar ciertas cosas; primero que los derechos civiles costaron millones de vidas a lo largo de la historia y sería una pena que limitaramos las libertades de “los pobres” por irresponsables, dicho de otro modo sería terrible que como sociedad dijeramos “los pobres no deberían nacer”.

Ahora, la gente continuamente olvida que es el estado y para que sirve, quizá porque algunos dicen que vivimos en un “estado fallido”, pero el estado es precisamente el garante de que todas las personas nacidas bajo su soberanía gocen de ciertos derechos, por ejemplo a la salud, a una vivienda digna, a educación de calidad, etc. Y aquí es en donde tenemos un problema serio, porque si el estado funcionara, en teoría los pobres no tendrían porque preocuparse más que de ser felices y pagar impuestos y si los pobres fuesen tan malos como para no trabajar ni pagar impuestos, aún así debería haber orfanatos que garanticen el sano crecimiento de los niños, por lo que nuevamente “en teoría” y solo “en teoría” si el estado funcionase el crecimiento de todos los niños hijos de padres pobres o “ricos” debería ser “de calidad” para todos.

Entonces para gente muy extremista el problema del desarrollo infantil no es un tema que los padres deban llevar por si mismos, sino es una cuestión estructural, una cuestión de estado, de sociedad, etc., no vivimos en la selva como para que cada pareja que tenga hijos “se las arregle como pueda”, el orden institucional debería cooperar con ello, aunque no es del todo así.

El problema obviamente son las ideas de corte normativo que pretenden establecer a través de la ética, la moral y otros principios cómo se deber vivir la vida y aquí es donde conviene leer al genial Foucault y su concepto de biopoder, lo cual es demasiado complejo para abordar en un artículo, quizá necesitaríamos un capítulo de libro para explicar las relaciones entre el estado y la natalidad de los pobres.

Un punto que me resulta especialmente interesante es la ausencia de “consciencia”, recordemos que “la mars” se dio a conocer con una frase “he tomado la decisión consciente de salirme de la preparatoria”, sin embargo sabrá Buda que entiende ella por consciente, porque en su primer planteamiento decía algo así como que el sistema retrógrada lleno de borregos te decía que tenías que estudiar la primaria, la secundaria y la preparatoria para finalmente estudiar lo que tú quisieras estudiar, pero ese sistema “opresor” al parecer si es bueno o sería bueno para decirles a los pobres que si no tienen una vivienda digna, un empleo estable, un automóvil y dinero para cualquier eventualidad, no deberían tener hijos. ¿Qué pasó ahí?, ¿Por qué sería bueno “saltarnos” el sistema educativo y no sería bueno saltarnos el sistema “moral” al momento de procrear a un individuo?

¿Quienes son “los pobres”? Otro asunto que nadie cuestiona en las redes sociales es el relacionado a la pobreza, según la coneval, en México hay 55 millones de pobres, algo así como la mitad o casi la mitad, no me interesa la cifra exacta, sino “la realidad” y esta es que en México practicamente todos somos pobres, bueno sólo 55,000,000, lo que significaría más o menos que todos esos mexicanos NO deberían tener hijos, según “la mars”. Aunque yo creo que la realidad es mucho peor, por ejemplo un artículo de Oxfam revela que ocho personas poseen la misma riqueza que la mitad más pobre de la humanidad, lo que me lleva a pensar que en términos de dinero, quizá el 80% de la población NO debería tener hijos, dicho de otro modo, el que tengas para una casa, un auto y demás no te hace rico, debido a que la desigualdad y la estratificación de la sociedad moderna ha creado verdaderos monstruos, podemos leer por ejemplo en una economía para el 99% como el 1% de la población mundial tiene más dinero que el resto junta (valga la redundancia), entonces “mars”, nosotros el 99% ¿deberíamos o no tener hijos?.

Y cabe preguntarnos, ¿Qué es la pobreza?, obviamente es la ausencia de riqueza, pero la gente tiende a pensar que se refiere sólo a lo monetario, lamentablemente también hay pobreza cultural e intelectual, sin embargo aquí mi propuesta es simple: la pobreza es el resultado de un problema estructural. Una vez leí que el mundo produce suficientes alimentos como para alimentar a todos, pero el problema es que muchos se tiran y obviamente cuestan, por lo que lo que un supermercado tira aquí no puede alimentar a los pobres niños africanos. Pero bueno la modernidad a lo que más ataca es algo así como que los pobres son pobres porque quieren, porque no estudian, porque no trabajan, etc… Y aquí quiero ser redundante, nuevamente es el estado el que debe proveer de educación y si el estado funcionase seguramente habría empleos, bienestar y demás. Por otra parte el problema de la pobreza es complejo y ha acompañado a la humanidad durante mucho tiempo, ¿Sería realmente tan fácil erradicarla simplemente “capando” a los pobres? Estoy convencido de que no, creo firmemente en que el problema es estructural y mientras que no se eliminen las desigualdades sociales, culturales y no haya un acceso parejo al empleo, a la educación y demás, seguiremos viendo estas profundas desigualdades, pero de esto ya se habla mucho, sólo que la gente le encanta olvidarlo, supongo que es más fácil “pendejear a los pobres”.

Dicho sea de paso… todos los economistas y trabajadores sociales y demás que luchan contra la pobreza pueden renunciar a sus cargos, “la mars” ya encontró la solución.

Preguntas aleatorias:

¿Que pasaría si la cura del cáncer estuviera encerrada en la mente de alguien que no tiene para comer mañana?

¿Como sería el mundo si mañana desaparecieran “los pobres”?

El estado es uno de los principales reguladores de la educación, ¿Debería también regular nuestros derechos reproductivos?

¿Por qué el sistema retrógrada no debería poder decirte como debes estudiar pero si si debes o no reproducirte?

¿Muerto el perro se acaba la rabia? ¿Sin pobres dejaría de haber pobreza?

Por último vale la pena ver la película un mundo maravilloso.

Introducción a la modernidad

Hoy en día se habla mucho de “posmodernidad”, ese término que llegó de la mano de la hipercomunicación, de la internet, de todos esos medios de comunicación masiva y bidireccional que moldean nuestra vida y nuestras actividades. Junto a la “posmodernidad” llegaron otras palabras como “hipsters”, “kosher”, “orgánico”, “sustentable”, “objetivo”, “hater”, “crush”, “troll”, etc… algunas de estas palabras ya existían en nuestro vocabulario y tomaron nuevas matices, otras se popularizaron más, pero sin duda llegaron para definir formas de “jugar” a la vida de un modo distinto a la época previa de su introducción. Por mencionar un ejemplo, no es lo mismo tener un “crush” que tener un “amor platónico”.

Ahora para hablar de la modernidad, hay que hablar de la antigüedad, en adelante el mundo antiguo, el mundo antiguo se refiere principalmente a la cultura y psique occidental, digamos a la idiosincracia del mundo occidental, en este contexto el ser humano tenía una relación con el humano congruente, es decir, se trataba de vincular todos los aspectos de la vida con su respectivo elemento, a esto le llamo yo principio de correspondencia.

Un ejemplo del principio de correspondencia es que los astrónomos buscaban explicar los fenómenos de los movimientos de los astros con las leyes matemáticos, los teólogos buscaban explicar y relacionar el comportamiento humano deacuerdo a los principios religiosos y en general había digamos “estereotipos de vida” o “categorías de pensamiento” en donde cada persona o comunidad establecía valores, principios y conocimiento de acuerdo a sus creencias. De este modo en el mundo antiguo los católicos consideraban el matrimonio como algo sagrado, un sacramento que se realizaba exclusivamente entre hombre y mujer, mientras que algunos científicos por el contrario negaban la existencia de Dios.

En este contexto lo que me interesa resaltar es que los humanos del “mundo antiguo” tenían creencias definidas en cuanto a ciertas culturas o credos, lo cual se rompe con la modernidad, pero vamos a ir despacio. Ahora, obviamente siempre han existido sacerdotes pecadores y científicos creyentes, es decir, gente que va en contra de sus principios, credos, educación y demás, por lo que podemos decir que incluso en esos tiempos el divorcio era algo que se planteaba, sin embargo el principio de correspondencia imperaba.

Cuando decimos que el principio de correspondencia imperaba, hablamos de que en el mundo antiguo un sacerdote pecador era señalado de alguna u otra forma, es decir, el mundo denunciaba las inconsistencias entre una cosa y otra, mientras que en el mundo moderno existen homosexuales católicos, anticapitalistas que comen en McDonald’s, ecologistas que usan automovil, etc… Lo importante no es señalar que eso este mal, sino señalar que el mecanismo moderno lleva a la ruptura del principio de correspondencia, es decir, en la modernidad ya NO importa la relación digamos entre lo que uno dice y lo que uno hace.

Entonces, el mundo antiguo no era mejor ni peor estrictamente hablando, sin embargo si ofrecía a las personas cierta certidumbre y permitía una relación entre personas interpersonal, es decir, relaciones en donde solamente los involucrados podían entender sus construcciones sociales, a esto le llamamos intersubjetividad. ¿A que nos referimos especificamente?. Nos referimos a todas aquellas actividades que solo se pueden entender cuando se comparte una serie de significados en común, por ejemplo la ceremonia del té en Japón, un baile entre dos, una carta escrita en código, un chiste local, etc. La modernidad va en contra de todo ello, pretendiendo por ejemplo que todos entendamos lo mismo por moda, ciencia, moral, ley, justicia, política, etc… Cuando la realidad tiene tantos matices que no podríamos contarlos…

Entonces entender el mundo antiguo es entender un mundo en donde las personas podían elegir un sistema de creencias, obviamente una religión, una ciencia y a partir de ahí construir una familia, una serie de amigos y demás… encontrábamos entonces personas que categorizaban sus ideas, sentimientos y creencias en función de la importancia que ellos le otorgaban a dichos elementos, por ejemplo, para mucha gente lo más importante era Dios, luego la familia, luego el trabajo, luego los amigos, etc., cada quien imprimía el valor que deseaba a cada cosa.

Ahora, la ruptura ocurre cuando se “funda” la modernidad, es decir, cuando el positivismo y las ideas relativas a la objetividad empiezan a tomar fuerza junto con la revolución industrial y el avance tecnológico. Hablamos de una época en la que el pensamiento y los movimientos intelectuales empiezan a ganar muchos “adeptos” debido a que la modernidad de pronto muestra que el intelecto puede ayudarnos a vivir “mejor”, de pronto la medicina, la ingeniería, la electrónica y una serie de elementos más transforman radicalmente la forma de vivir. En el “inconsciente colectivo” hay un nuevo Dios, que es la modernidad, de algún modo el humano reafirma aquella frase “el hombre es la medida de todas las cosas” y se hace necesario atacar la gran brecha.

La gran brecha es la objetividad, un avión vuela porque los principios físicos de la sustentación, es ciencia y no otra cosa, de pronto la física y las matemáticas hacen posible lo que en otros tiempos sólo era un sueño, por lo que la época establece la necesidad de homogeneizar el conocimiento a la realidad física, es entonces cuando se crea el positivismo, es decir, ese movimiento que busca establecer el mundo como objetivo en lugar de subjetivo.

El dilema clásico de este problema es: Cuando cae un árbol en el bosque sin que nadie lo escuche, ¿suena? En el mundo objetivo si, mientras que en el mundo subjetivo no.

Entonces el mundo intentó homogeneizar el pensamiento mundial, ahora todos debíamos ir acorde a la nueva realidad, a la realidad física y aunque hasta la fecha hay en apariencia un choque entre por ejemplo la física y la religión, la realidad es incluso mas caótica.

El resultado fue un desastre total en donde se perdió por completo el principio de correspondencia, lo que encontramos fue que las nuevas ciencias y artes no encontraron puntos de acuerdo con las viejas, de modo que como mencionabamos se llegó al punto en el que “aparecieron” anticapitalistas que comen en McDonald’s, el problema fue querer homogeneizar el pensamiento y además denegar una verdad fundamental: la verdad psicoanalítica, lo cual es un tema enorme, pero definiremos brevemente.

La verdad psiconalaítica se refiere a los planteamiento fundamentales de Freud en donde establece entre otras cosas que no somos dueños de nuestra mente, de nuestros actos, de nuestro discurso o lenguaje. Por el contrario existe un aparato psíquico que funciona de acuerdo a cierta lógica que en muchos casos es metafórica.

Por un lado el avance científico fue mayor que el avance “intelectual”, aunque es muy peligroso hablar de intelectualidad, lo que pretendo decir es que por un lado la humanidad aprendió a volar en un Boeing 737, pero por otro lado no supo como integrar el conocimiento que permite el vuelo a su cultura anterior y todavía peor denegó la teoría freudiana sobre digamos… la psique, que no es otra cosa sino aceptar, aceptar que no somos quienes queremos ser, que nuestras pasiones continuamente nos controlan, que tenemos deseos reprimidos y no reprimidos y que nuestra naturaleza siempre será pulsional (término algo complejo de definir).

Entonces en la mente de las personas se empezaron a instalar ideas que no correspondían unas con otras, por eso decimos que se rompió el principio de correspondencia, mientras que en el mundo antiguo existían sectas, grupos, escuelas y demás, en el mundo moderno el eclectiscismo empezó a tomar una fuerza impresionante rompiendo con ideas y estilos de vida que antes imperaban, tan solo hay que pensar en la cantidad de divorcios que ocurren hoy en día cuando la iglesia católica en teoría los prohíbe “lo que Dios une, que no lo separe el hombre”.

Lo peor ocurrió cuando la ciencia empezó a señalar algo curioso: el universo no es tan objetivo como se pensaba, esto empezó con la caída de Principia Mathematica a cargo del genial Kurt Gödel, quien en su teorema de incompletitud de Gödel establece que incluso la aritmética básica no puede demostrar su propia consistencia, de modo que es imposible demostrar la consistencia de ningún sistema matemático y culminó con la física cuántica, cuyo mayor referente es el hipotético experimento del gato de Schrödinger, en donde se supone que en este universo el gato en cuestión puede estar vivo y muerto a la vez, lo cual es claramente imposible para la objetividad, para la modernidad, para el positivismo.

Entonces, ¿Qué es la modernidad?

La modernidad es una época y es un ente, como ente es invisible pero opera, no es una organización pero organiza, es una creación humana, como vemos es muchas cosas insustanciales, pero existentes, es un movimiento.

La modernidad es el resultado de los descubrimientos científicos y el lento avance de una consciencia global.

Ahora, intentaremos caracterizar a la modernidad.

La modernidad como sustituto de la individualidad:

  • En la modernidad la opinión personal es algo irrelevante, hay muchas opiniones en internet, la tele dice muchas cosas, ¿Qué más da lo que yo opine? o peor: mi opinión es la mejor, he leído mucho, he visto cosas en internet, tengo las herramientas para defender mi criterior.
  • La modernidad como medio de exposición de quien se supone que soy; Hago un perfil en facebook, otro en instagram, twitter, etc… Ahí expongo quien soy, mis ideas, los lugares que visito, etc… Hago lo mismo que hacen los demas pero soy un ente individual.
  • Yo se como concatenar conocimientos que parecen incompatibles entre sí, como ciencia y religión.

La modernidad es un movimiento social:

  • Para la modernidad todo lo viejo es el enemigo, en este sentido la modernidad es consumista, si tienes un iPhone viejo no sirves, si eres de hace dos décadas no sirves, no entiendes, si citas a un autor antiguo, eso no tiene validez, etc.
  • Hay que seguir lo que la masa dice, lo que está de moda, lo que tiene más likes, lo que se comparte más, etc…

La modernidad es un estilo de vida:

  • Se trata de estar a la moda, no solamente en ropa, también en lenguaje; hay que hablar bien, tener una ortografía impecable, una garamática sin igual, escribir con propiedad, conocer todas las palabras. Es necesario citar, tenemos que decir “según la ONU”, “según la OMS”, “Las estadísticas dicen”, “estudios independientes mencionan”, etc. El problema no es la OMS o la ONU o las estadísticas y los números, el problema es la falta de certidumbre, la pérdida de la confianza y sobretodo que la modernidad pretende que la forma sea más importante que el contenido, que el medio sea más importante que el mensaje, se trata de vender mierda y envolverla con palabras (envolturas) finas.
  • Es necesario usar un lenguaje moderno (hablamos de esto al principio).

La modernidad como consultor en relaciones personales:

  • Uno puede ser tolerante con sus amigos, conocidos y demás, no importa si van a los toros, si votan al partido político contrario, si han robado, “mientras a mi me trate bien, me vale como es con los demás”.
  • Amor líquido: Existe un maravilloso libro de Zigmunt Bauman que se llama así; “Amor líquido”, recomiendo su lectura.
  • El caso Summer: Recomiendo leer dos entrada de mi autoría; Otra vez Summer y Hoy voy a ser viejo.

A intento de conclusión para mi la modernidad es la época en donde los humanos ya no tenemos ideas propias, sino que tomamos el discurso de los demás y pretendemos hacerlo pasar por propio, es una época en donde todos creen saber, en donde todos opinan y lo valioso se pierde en este mar de palabras. En una época en donde los poderes fácticos están más presentes que nunca, vivímos el imperio de la moda, de la imagen, del dinero.

Considero que quedan más preguntas que respuestas (afortunadamente), pero me alegro porque este tema va para largo (espero que no más de un siglo) y por último recomiendo el libro “la sociedad sitiada”.

La ruptura

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Decía un gran maestro de mi universidad llamado José Antonio Mejía Coria que la modernidad había roto con el principio de correspondencia. El principio de correspondencia se basa en algo tan simple como decir que la palabra “pasto” corresponde con el pasto, ese que crece en los jardines y en otros lados, ese que nos dice que somos mexicanos porque nacimos en México, ese que se supone hace que las cosas tengan sentido.

Un tal Lacan hablaba de lo real, lo imaginario y lo simbólicos, digamos… dimensiones de lo tangible y lo no tangible, la tesis se este texto es “la modernidad rompió con el principio de correspondencia”. Y entonces de pronto el pasto no es el pasto en la modernidad, de pronto existe pasto sintético, por decir algo, pero la ruptura del principio de correspondencia va más allá de la ruptura entre una palabra y su significado, se trata de una ruptura muy profunda de la cual podremos explorar sólo un poco.

“Nada humano me es ajena”, la frase de la UACM, sin embargo la imagen que publicamos hoy hace mención de otra realidad, nos molesta, nos fastidia que haya personas que obstaculicen el tráfico, son ignorante, son acarreados, son flojos, etc. La realidad es que la modernidad nos ha escindido (separado) tanto que ya no podemos ver que la lucha del otro es también nuestra lucha, el otro debe ser borrado, eliminar, sustituido, no hay espacio en la modernidad para la otredad o la diferencia.

Vivimos en la época de la vida reglamentada, todo lo que esta fuera de ello es inmoral, es políticamente incorrecto, no es objetivo, no se canaliza correctamente, no es institucional, etc. De pronto los estados modernos incluso dicen “vamos a crear una ley para regular las marchas” o peor aún “tienen que pedir permiso para hacer una marcha”. Hemos perdido la capacidad de empatizar con el prójimo, porque la modernidad exige un protocolo, somos tantos que es imposible comunicarnos entre nosotros, la realidad ha sido burocratizada.

La indiferencia, la idea de que se está bien al interior, aunque el exterior sea un caos, el sistema nos ha vendido la idea de que los otros son los enemigos, el sistema combate a los enemigos, pero también nos combate a nosotros mismos, la realidad es que no hay otros, todos somos víctimas, todos somos esclavos, pero se nos hizo creer que los enemigos son ellos, los pobres, los revoltosos, los “chairos”, los que no han sido iluminados por el neoliberalismo.

Y entonces no hay correspondencia, no hay relación, ellos piden algo irrazonable, irresoluble, no podemos ver ni entender su subjetividad, porque en nuestra vida solamente está la vida administrada.

El mundo cambiará cuando los automovilistas dejen sus carros y se unan a las marchas.

 

“Disclaimer”: Mucha gente dirá que no toda marcha es justa, que no toda marcha se justifica, es lo normal, sin embargo este artículo no busca traer eso a debate. Lo que se busca traer a debate es la indiferencia y como la modernidad y la lucha de clases separan ideológicamente y de otras formas a las personas de las mismas personas.